Una campaña que abraza el miedo al ridículo adolescente, contrastando los errores sociales "inborrables" con la libertad de equivocarse y aprender en el papel. Bajo el lema: “Hay errores que no se pueden borrar; afortunadamente, hay errores que sí se pueden borrar”, Faber-Castell te invita a volver a clases sin miedo a fallar.